sábado, junio 18, 2005

Caminar con una brizna de esperanza

Con escepticismo y también con remota esperanza, pero esperanza al fin, he abierto este cuaderno de Bitácora. . Escéptico porque una página web personal y tengo tres, además de administrar otras de organizaciones, se que no significa nada. Es ponerse en medio del mundo real con un cartel que diga “Aquí estoy, mírenme” las posibilidades de que un habitante cualquiera te vea son remotas, el planeta tierra es muy grande y alguien debe acertar a pasar por allí. Además si llega a pasar y, por un instante se fija en ti, debe interesarle lo que tengas que decir, lo que dices. Por lo general nos interesan las cosas grandilocuentes, las películas de éxito, las canciones más oídas, las novelas más leídas. Si expresas pensamientos, opiniones… bueno en ese caso si lo haces bajo algún aspecto novedoso, quizá llames la atención, pero sabemos que, en general, buscamos opiniones que refuerzan las nuestras, o a lo sumo las defendemos atacando o argumentando la de quienes mantienen criterios diferentes a los nuestros. Y aquí viene de nuevo mi decepción, creo que mayoritariamente en la red, en este planeta virtual, buscamos narcisistamente foros que están en nuestra onda, gentes que piensan y refuerzan nuestras opiniones, nuestros gustos, nuestra forma de ver el mundo. Porque es tan fácil, basta pinchar con el ratón y largarse a otra parte que nos reporte mayor complacencia.
Otras veces se entra al trapo, son los pendencieros que, con mejor o peor humor, con más o menos respeto y educación descalifican al diferente y lo adjetivan: «facha», «calca», «rojo», «separatista»… etc.
Conozco también que para que esta bitácora sea leída, o se haga en mayor medida, no sólo depende de lo que ponga (ya he hablado del interés general) sino de dónde lo ponga, en qué lugar coloque mi cartel diciendo “estoy aquí”. Porque no es lo mismo colocarse en las inmediaciones del Bernabeu en una final o semifinal de la «Champion ligue», que en el cruce de una calle en un pueblo de Guadalajara o de Teruel. Peor aún, en medio de la dehesa extremeña o, si me apuráis, en medio de un campo en «Tremedal de los montes».
Cómo no puedo elegir el sitio, hoy me coloco aquí, que no se muy bien dónde es, y cuan concurrido está. Tampoco eso debe importarme mucho, sé dónde quiero ir y una fuerza irresistible me impulsa desde el fondo de mi corazón a iniciar el camino, ignoro lo que deparará el camino, ni los compañeros de viaje que encontraré. Por no conocer, no sé si tras la andadura yo seré el mismo que hoy inicia el camino. Pero vivir, es andar, caminar, aventurarse con el alma abierta, dejarse sorprender por los otros, aprender de ellos y de todo lo que nos pueda deparar nuestro caminar… Caminemos pues, si te apetece, únete en este largo peregrinar.


Para ponernos un horizonte que inspire esperanza, nada mejor que esta imágen que tome hace unos días:

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Me sumo a tu camino que en el fondo no es más que el de todos los que transitamos por los mismos horizontes, unos mirando al suelo, otros al cielo y unos pocos hacia su adentro

9:02 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Existen muchos caminos por andar, otros tantos por recorrer y muchos más por descubrir. Ahora que, pensándolo bien, no estoy seguro de sí habitualmente lo hacemos con el cronómetro o con la brújula en el macuto.

En el fondo, es una cuestión de elección personal, aunque siempre con algún permiso de los demás, hasta donde seamos capaces de admitirlo. Yo quiero hacerlo con la brújula y si es posible con el mapa, aunque el mapa como decía, más o menos mi querido Toquinho, el mapa de nuestra vida es un lienzo que debemos colorear.

Pero ¿Cuáles son los colores de nuestra vida? y, sobre todo, cuál es nuestra “paleta” sobre la que situar nuestra existencia. No es fácil responder, pero si advertir que los colores nos rodean.

Muchas veces, cuando surge el arco iris cojo mi coche y lo más apresuradamente posible me dirijo al lugar donde con más nitidez es posible verlo. No busco las calderas de oro que se encuentran a cada lado del mismo, solo respirar la paz del olor a la tierra mojada y contemplar tumbado como la bóveda celeste se llena de colores.

Busco mi “paleta” de pintor de brocha gorda y empiezo a pegar pinceladas al aire y, a partir de ahí, enfrentándome al lienzo que empiezo a colorear reconozco las imágenes que se instalan en mis pensamientos.

¿ Por qué nos resistimos a llevar nuestra paleta a cuestas y buscar los colores que nos ayuden a pintar nuestro cuadro?, ¿Por qué no buscar una exposición donde mostrar nuestro cuadro?


Walter Wallace

9:54 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

No hay un camino para elegir, el camino es toda la vida....

6:01 p. m.  

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